Algunos detectives tienen una oficina desordenada con encanto que huele a whisky.
Algunos otros, una mesa en alguna comisaría.
Existen casos especiales: un ominoso número de teléfono que pasa de boca a boca y al que se llama para descubrir algo.
Y William tenía...
Una puta alcantarilla.
Y él lo entendía. No creáis que no, su casta de vampiros era sobrenaturalmente fea y toda su especie necesitaba mantenerse en secreto.
Pero joder…
Es que era una puta alcantarilla.
Además, el petulante que lo había contratado, ¿Lambak? ¿Tabak? ¿Lalak?,
Un puto borracho muy muy antiguo.
Lo había contratado para buscar un Ghoul perdido en…
¡lo habéis adivinado!
Las putas alcantarillas.
Así que ahí estaba William, dando pirulos por donde el viejales borracho le había dicho que mirase.
De hecho, era una parte muy muy antigua del sistema de alcantarillado que llegado a cierto punto dudó si estaba realmente en las alcantarillas como tal.
El sitio parecía… más de formación natural.
De repente pisó algo que no eran piedras o tierra. Sonaba como algo hecho de carne.
Levantó la suela de su zapato era… ¿musgo rojo?
Desde luego lo parecía y su tacto era el mismo. Pero no olía a eso. Olía a sangre.
¿Y si…?
Metió un poco en su boca.
Efectivamente. Sangre.
¿Dónde coño se había metido?
Siguió avanzando por la cueva hasta llegar a una galería amplia. No se lo podía creer, parecía otro planeta, todo tenía el mismo musgo y alguna flora nueva, también fúngica por supuesto, con un predominante color rojo pálido enfermizo y el olor a sangre…
Era insoportable…
¿Y si…
...bebía un poco más?
Solo un poco.
Un poco se convirtió en mucho.
Comía el musgo, mordía las setas, no podía parar y había una voz una voz paternal que lo insistía a seguir.
Pasado un rato encontró al Ghoul.
De su cuerpo crecían más setas.
Que más daba, ya todo daba igual.
Podría ser que William no tuviera un despacho o una mesa, pero ahora formaba parte de algo más grande que él.
Lo entendió instintivamente, así que se tumbó para dejar crecer el regalo del padre y esparcirlo.
Para hacer a todo el mundo un solo ser, parte de los hongos rojos.
Parte del padre.
Texto: Pablo Sanz
Ilustración: Zdzisław Beksiński.

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