El drakón caminaba sin rumbo por los Cárpatos.
Llevaba así desde hacía meses, solo deambulaba. Cuando eres un inmortal con el corazón roto, tienes toda la eternidad para sentir dolor.
Una voz femenina tras él le hizo pararse.
-Tienes una pinta horrible, chiquillo.
El drakón se dio la vuelta para matar a la impertinente, pero al mirarlo a los ojos entendió de quien se trataba.
-¿Pa…padre…? Preguntó desconcertado.
Le era conocida su capacidad para cambiar y mutar su forma. Después de todo el mismo drakón y todos sus hermanos la poseían, pero esta era una elección extraña. Lo reconocía por sus gestos desdeñosos y sus ojos como dos abismos de muerte.
¿Qué hacía aquí? ¿Por qué ahora?
-¿Que te duele, mi chiquillo?
El drakón meditó un momento sus palabras.
-Miguel y Antonio están muertos.
Su padre ladeó la cabeza confundido.
- ¿Cómo es eso exactamente tu problema?
-Los amaba, padre.
-Ya sabes, chiquillo, que nunca he sido bueno para… enamorarme.
La última palabra prácticamente la escupió con asco.
-No soy como tú, padre.
-Lo sé, lo sé, es por eso por lo que te hice inmortal, pero esto es patético hasta para ti.
-Fue mi culpa,
Su padre arqueó una ceja.
-¿Tu… los mataste?
-No directamente. Como bien sabes, nuestra ciudad era radiante para los nuestros y nuestro triunvirato la gobernaba con justicia hasta que… -tragó saliva y se recompuso- hasta que Antonio murió. Lo asesinaron. Fue entonces que Miguel y yo empezamos a discutir. Los dos estábamos llenos de dolor y nos echamos las culpas el uno al otro, hasta que yo decidí irme -le empezó a temblar la voz- antes de marchar le dije que le odiaba. Ojalá le pudiera haber dicho que mentía… -las lagrimas de sangre le empezaron a correr por los ojos y tintar de rojo la nieve a sus pies- nuestra ciudad cayó, y otra de los nuestros canibalizó a Miguel.Ya jamás me podré disculpar…
-¡Oh, hijo mío…! Su padre lo abrazó y el drakón lloró con amargura en los brazos de su padre.
-Estoy seguro de que fueron divertidos, que tu ciudad fue divertida pero ya es hora de que dejes de llorar por chiquilladas.
Súbitamente el drakón se apartó de su padre.
-¿Qué?
-Eres inmortal ¿sabes cuántas veces vas a enamorarte? ¿Cuántas veces vas a perder? Ellos, en la vastedad de tu vida, no importan.
El drakón empezó a enfadarse.
-Retíralo.
-¿Disculpa?
-He dicho...¡¡QUE LO RETIRES!!
El cuerpo del drakón empezó a escamarse y garras empezaron a crecer de sus manos. Sus dientes a transformarse en colmillos. Poco a poco su complexión fue creciendo hasta a medida que se transformaba en la de un dragón.Por último un par de alas salieron de su lomo.
-¡RETIRALO!
Su voz resonó como un rugido por todas las montañas.
-No.
Entonces una de las pezuñas del drakón aplastó a su padre sin misericordia. Fue entonces que, lleno de dolor, sembró la destrucción por toda la región.
En algún lugar distante, en su verdadero cuerpo, su padre supo que su hijo ya estaba más allá de la salvación.
Aun así, sintió algo de orgullo.
Por fin se pareció a él.
Texto: Pablo Sanz
Ilustración: Zdzisław Beksiński.

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